Frase del día: "Tratad a los demás como queréis que ellos os traten" Mateo 7,16. 12-14

“¿El violador eres tú?”

By on 15 enero, 2020

Texto de opinión de Rodrigo Cuitiño Ortiz

El abuso contra la mujer ha sido histórico y reiterado, y superó el espacio íntimo (ej. “hogar”) para extenderse a espacios públicos (ej. “oficinas”).

Y es que no son pocos los hombres que, en posiciones de liderazgo e influencia cuentan como hazañas historias de abusos que vieron o realizaron en sus respectivos espacios.

Los mal rotulados machos-alfas-pecho-plateado son los que más han expuesto al género a vejámenes en el tiempo.

Lamentablemente Loncoche no ha sido la excepción; mujeres que, bajo dependencia y subordinación en servicios públicos o en empresas privadas han sufrido silentes las iniquidades de superiores por miedo a la anulación, al despido o por una mala concepción de respeto a la jerarquía.

Y es que, a pesar de los avances legislativos (Ley N° 20.005 sobre acoso sexual), y que las otrora “hazañas” pasaron a tratarse como delitos, hay preguntas sin respuestas positivas en la comuna, tales como: ¿cuántos son los casos denunciados? ¿Cuánta credibilidad y respeto tienen los testimonios de nuestras mujeres violentadas?  ¿Cuántas investigaciones o sumarios, con juicios concluyentes se han realizado? ¿Cuántos juzgados ha habido como consecuencia de los abusos?

A lo anterior, se suma una preocupación latente, los acosadores perpetúan sus prácticas y perfeccionan sus técnicas abusivas sino son detenidos, tratados y juzgados como corresponde.

Por lo general, su modus operandi fija la atención en víctimas con las siguientes características: mujer, bajo perfil, que no llame la atención; que sea respetuosa ante la figura de autoridad; aquella que por miedo a perder su trabajo no haga ni diga nada. Ante esto, el abusador solo necesita un momento para acometer el acto o la agresión, que puede ser desde frases sugerentes, hasta tocaciones indebidas y sin consentimiento, hasta concluir con violaciones y muertes, llevándolos a casos extremos, pero que lamentablemente existen.

Ahora, ¿qué hacemos cuando una mujer se envalentona, cansada de propuestas indecentes o de algún manoseo impropio, y realiza una denuncia ante su superior jerárquico? Al parecer, en el pueblo, poco… Sobre todo, cuando el abusador goza de privilegios y protecciones. Solo queda una sensación de indiferencia e indolencia, de superiores que, al hacer caso omiso de denuncias, no protegen a la víctima, sino que, al victimario, poniendo en cuestión la validez de la Ley y el valor del género en sociedades posmodernas y hoy feministas.

En esferas públicas, las denuncias deben investigarse con diligencia y sancionarse con rigor, sobre todo cuando nuestras mujeres distinguen el quehacer de una comuna pequeña como Loncoche.

“La mujer no se toca ni con el pétalo de una rosa”, decía mi abuela, sobre todo cuando no hay consentimiento o aprobación.

Quizá mi reflexión no será entendida por algunos; quizá será criticada por otros, pero un quizá con el que quisiera concluir, es que hoy, más que siempre la mujer es protagonista de la historia y un pueblo que las valora luchará por exponer los abusos a los abusadores.

 

 

 

 

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